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El deseo femenino en la comedia romántica de los 50

Hace unas semanas, viendo a Rock Hudson en All That Heaven Allows (Solo el cielo lo sabe, 1955) me acordé de las comedias románticas que hizo con Doris Day. A principios de los 80, TVE1 solía emitir ese tipo de películas, y aunque entonces me gustaban mucho no las había vuelto a ver y pensé que quizás a estas alturas podrían parecerme excesivamente inocentes, o incluso un tanto retrógradas o machistas. En cualquier caso, decidí verlas. Se trata de tres películas —Pillow Talk (Confidencias de medianoche, 1959), Lover Come Back (Pijama para dos, 1961) y Send Me No Flowers (No me mandes flores, 1964)— de las que solo me interesan las dos primeras; Send Me No Flowers tiene un argumento muy diferente y además es bastante inferior.

Después de ver Pillow Talk y Lover Come Back, me acordé también de aquel intento de hace unos años de homenajear/parodiar estas dos comedias: Down with Love (Abajo el amor, 2003). Era de esperar que Down with Love fuese peor, porque el género de la comedia romántica hace años que va cuesta abajo (salvo honrosas excepciones), pero lo realmente curioso es que Down with Love es una película mucho más tonta, machista y trivial que los originales supuestamente ñoños a los que imita.

Pillow Talk
y Lover Come Back son dos películas similares, aparte de compartir al mismo trío de actores protagonistas (Hudson, Day y Tony Randall), la trama de ambas es parecida. Por un lado, tenemos a una mujer independiente (Doris Day) con un trabajo liberal (diseñadora de interiores en la primera y publicista en la segunda) no demasiado preocupada por el romance y el matrimonio, que al parecer era lo único que interesaba hasta entonces al sexo femenino. Por otro lado, tenemos a un mujeriego empedernido (Rock Hudson) a quien odia sin haberlo visto nunca (en un caso comparten la línea telefónica y en el otro son rivales laborales). Tras la premisa inicial, la historia avanza por el mismo derrotero: un día Hudson ve a Day de casualidad por primera vez, le parece atractiva, le entran ganas de tirársela y decide hacerse pasar por otra persona, siendo consciente de que si ella supiese quién es en realidad no se molestaría ni en dirigirle la palabra.

La historia de Down with Love es mucho más enrevesada (ojo, en este párrafo hay spoilers). Ella (Renée Zellweger) es una secretaria anodina enamorada de su jefe (Ewan McGregor), un mujeriego que no le hace ni caso porque solo persigue a mujeres con pinta de modelo de pasarela. Zellweger decide vengarse de él con un plan un tanto absurdo que pasa por escribir un best-seller feminista, pero que en último término tiene como objetivo principal conseguir que McGregor se fije en ella. Mientras en las películas de Hudson/Day partimos de una mujer independiente, segura de sí misma, a priori poco preocupada por los tópicos románticos, en Down with Love convierten al personaje femenino en una chica insegura, obsesionada con su antiguo jefe, que solo es capaz de enfrentarse al mundo haciéndose pasar por otra persona. En lo que se refiere al personaje masculino, el arquetipo también es distinto. El objetivo de los personajes interpretados por Hudson es simplemente llevarse a la chica a la cama, mientras que el interpretado por McGregor pretende arruinar la imagen pública de Zellweger. En Down with Love, el puro deseo sexual de sus precursoras se convierte en odio, venganza y mezquindad por ambas partes.

Otro detalle que no funciona en Down with Love es el desplazamiento del objeto de deseo. En las tres películas el objeto de deseo es el hombre, no la mujer, como dictaría el arquetipo clásico. Aunque los personajes de Day y Zellweger son deseables, no son en ningún caso mujeres objeto, mientras que ellos, sí lo son. A él le sirve cualquier mujer guapa, a ellas no, todas lo quieren a él. Cuando Hudson entra en una habitación, todo el mundo se fija en él, es el más guapo, el más deseable. Cuando McGregor entra… Bueno, por muy buen actor que sea Ewan McGregor y por mucho magnetismo que desprenda en películas como Velvet Goldmine (1998), aquí no funciona en absoluto, no hay quien se crea que ese es el hombre más deseable de Nueva York. Extrañamente, se da la paradoja de que los personajes de Hudson, gay y no especialmente buen actor, resultan mucho más viriles, creíbles y deseables que el de McGregor.

La cuestión de la homosexualidad me lleva a otro tema que me llama mucho la atención en las películas de Hudson/Day. En ambos filmes hay bromas claras sobre la homosexualidad de Hudson. Aunque nunca se utilizan palabras como ‘gay’ u ‘homosexual’, hay chanzas constantes con el asunto, incluso hay una escena en la que un personaje secundario llega a comentar: «Es el último hombre del mundo de quien hubiese pensado eso» (que es homosexual). Este subtexto es otra de las cosas que imita Down with Love, pero de una manera mucho más evidente y tonta, y sin la gracia añadida de que el actor protagonista sea realmente homosexual. En los años 50/60, la homosexualidad seguía siendo un tabú importante, así que me resulta muy chocante que Hudson se prestase a hacer bromas sobre el asunto. Investigando un poco sobre el tema, llegué a una entrevista con el escritor Armistead Maupin en la que explica que muchas veces quedaban todos los amigos homosexuales en casa de Hudson para ver estas comedias, y que se partían de risa con los chistes gays.

Comparando las tres películas, es obvio que Pillow Talk y Lover Come Back nos hablan sobre el deseo femenino, mientras que Down with Love no habla sobre gran cosa, se limita a imitar una estética. Las dos películas de Hudson/Day son de una época en la que todavía no se puede hablar abiertamente de ciertas cuestiones, y aun así se las apañan para introducir diálogos y escenas muy evidentes en términos sexuales. En Pillow Talk, las conversaciones telefónicas entre los dos protagonistas suelen suceder a pantalla partida en la cama, aunque la más ‘atrevida’ transcurre en el cuarto de baño, con ambos desnudos en sus respectivas bañeras. Este juego erótico conseguido a base de montaje es una de las escenas que copia más descaradamente Down with Love, pero con un resultado mucho menos efectivo. El erotismo del original se convierte en un gag repetitivo y pedestre, sin un ápice de lascivia.

No obstante, quizás la referencia sexual más directa de Pillow Talk son una serie de pensamientos en off del personaje femenino, quien dice, textualmente, aunque a través de una canción: «Esta noche soy tuya. Cariño, poséeme». En Lover Come Back, estrenada dos años después, ya en los 60, los guionistas van un poco más allá, atreviéndose a que los protagonistas tengan relaciones sexuales después de una noche loca de borrachera. Eso sí, como esto tiene apariencia de comedia amable, la borrachera es de caramelos y el polvo con licencia de matrimonio de por medio.

En Down with Love, se desentienden del tema del deseo sexual femenino. Aunque el best-seller que escribe la protagonista invita a las mujeres a mantener relaciones sexuales sin amor de por medio (y aun así los hombres la odian, toda una incongruencia), la película se queda en lo superficial, en la estética y los equívocos, eliminando el subtexto más interesante de sus predecesoras. Cuando la pareja protagonista está por fin a punto de mantener relaciones sexuales, ella se niega porque está enamorada y, según su libro, el amor es una cosa muy mala. En los años 50, lo ‘malo’ era el sexo, ahora resulta que es el amor.

En último término, estamos hablando de dos discursos completamente distintos. Doris Day conquista, sin pretenderlo, al que quieren todas y no quiere a ninguna. Ella no cambia, simplemente se enamora, es él quien cambia a raíz de su relación. Sin embargo, en el caso de Down with Love, por mucho que la historia termine igual, Renée Zellweger cambia por él. Estamos ante un personaje femenino que solo se realiza por culpa, o gracias, a un hombre.

Al final del día, resulta que las dos comedias de los 50/60 hablan sobre las fantasías sexuales/románticas femeninas, mientras que la de 2003 ni siquiera sabe de qué está hablando. No sé si la idea de hacer Down with Love tendría algo que ver con el homenaje que hizo Todd Haynes un año antes a All That Heaven Allows (otro clásico de los 50 protagonizado por Rock Hudson). La recreación de Haynes, Far from Heaven (Lejos del cielo, 2002), sí es una puesta al día inteligente que combina una estética retro con un discurso contemporáneo heredero de la crítica social que encerraban los melodramas de Sirk.

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