No image. No color. Just blackness

“Dreams getting worse. Usually in nightmares you see what you’re scared of. Not in my case. No image. No color. Just blackness and then in the distance, getting closer and closer, beginning to pierce some strange ever-present roar, sounds, voices, sometimes just a few, sometimes a multitude, and one by one, all of them starting to scream.

Do you know what it’s like to wake up from a dream you haven’t seen? Well for one thing, you’re not sure if you were dreaming or not.”

House of Leaves, Mark Z. Danielewski.

Powerless to do anything

I have suffered from sleep paralysis several times, and it’s a really scary thing that I’ve never knew how to explain, but this is a very good explanation:

“At first, you can’t move. It feels like you’re waking up, except your arms and legs and head and tongue are all frozen in place. You want to cry for help, but you can’t. You’re betrayed by your body, paralyzed. You lie there as your breathing begins to quicken, your heart rate jolting, until you see it: a shadowy figure in the room, moving closer. Maybe it’s a man in a dark cloak. Or maybe it’s an old woman, grotesque and witchlike. Either way, there is something sinister—and you are there, in your bed, powerless to do anything.

This real-life horror is known as sleep paralysis: a half-dreaming, half-wakeful state that leaves your body immobilized while you encounter nightmarish visions of terror. By some estimates, it affects about 6 percent of the general population, many of whom are left without an explanation for what happened to them. Was it a dream? Was it reality? Was it supernatural—and will it happen again?”

“Rodney Ascher’s New Doc ‘The Nightmare’ Reveals the Real-Life Horror of Sleep Paralysis”, Arielle Pardes, Vice.

I’ve had several experiences of this kind, mostly related to the type of sinister figures described in the article, but I remember specially one occasion in which the hallucination was auditory, not visual.

The Sound Screen (o sobre cómo a veces terminas haciendo las cosas por los caminos más insospechados)

Siempre he tenido en la cabeza hacer un podcast o similar basado en bandas sonoras de películas, y con banda sonora no me refiero a música, sino a todo el conjunto sonoro. No obstante, nunca he llegado muy lejos porque es un trabajo lento y complicado (admito que soy muy vaga), y además no tengo mucha maña, ni conocimientos, para editar sonido. Tras procrastinar el asunto una y otra vez, esta semana ha terminado tomando forma bajo el título The Sound Screen de una manera un poco laberíntica.

De vez en cuando, aparecen entes que de repente me fascinan profundamente, tanto que tengo que hacer algo con ellos, lo que sea. Ese ‘lo que sea’ suele adquirir forma sonora, no tengo muy claro por qué, ya que en realidad de lo que yo sé, lo que he hecho siempre, es cine/vídeo, no sonido. Sospecho que esta necesidad incongruente de llevar lo que me fascina hacia el terreno de lo sonoro tiene que ver con lo que soy y lo que deseo. El cine es algo que tengo dentro prácticamente desde que nací, algo tan asumido, tan interiorizado, que solo puedo verlo como lo que soy, mientras que el sonido es la otra cara de la moneda, el yin del yang, lo que me hipnotiza porque es el otro, lo que me completa.

Volviendo al tema que nos ocupa… Este podcast, o serie de piezas sonoras o lo que vaya a ser finalmente, era una entelequia hasta que hace unas semanas apareció uno de esos entes fascinantes viendo All That Heaven Allows. El ente en cuestión es Rock Hudson, un actor en quien nunca había pensado demasiado porque la verdad es que sus dotes interpretativas nunca fueron cosa del otro jueves. Es uno de esos actores inexpresivos incapaces de resultar creíbles en según qué papel, pero cuando esa impasibilidad está bien llevada, como en All That Heaven Allows, resulta mucho más atractiva que cualquier aspaviento, que por otro lado es algo que no soporto… ¿Muecas? ¿Sobreactuaciones? No, gracias.

Aquí he de hacer un inciso para confesar que siempre he sido muy esteta. No soporto la estética vacía, eso sí, la forma sin contenido, pero siempre me han fascinado cineastas muy estetas, desde Peter Greenaway a Carl Theodor Dreyer o Nicolas Winding Refn. Douglas Sirk es uno de esos estetas, y en All That Heaven Allows lo lleva quizás más lejos que en ninguna otra de sus películas.

All That Heaven Allows es pura belleza visual, y lo más visualmente hermoso es ese personaje masculino sencillo, directo, abierto y ajeno al mundo capitalista. Rock Hudson/Ron Kirby es el sonido de fondo que se cuela en la banda sonora anodina de los Estados Unidos más bucólicos de los años 50, el ruido desestabilizador que interrumpe la nada cotidiana. La gran contradicción es que es un ruido mucho más hermoso que el sonido impecable en el que interfiere. Y no es solo hermoso por la pureza que destila, obviamente, hay una cuestión de atractivo físico que está muy patente en toda la película.

No obstante, la primera pieza de The Sound Screen no sale de esta película, sino de dos comedias románticas que recuperé al hilo de ella (las había visto de pequeña y no las recordaba mucho): Pillow Talk y Lover Come Back. En All That Heaven Allows, aunque Hudson es visto por algunos personajes como un puro objeto de deseo, no funciona esencialmente en ese sentido, mientras que en Pillow Talk y Lover Come Back sí se ciñe básicamente a eso.

Precisamente durante los días en los que vi estas películas, una de las palabras del día de Oxford Dictionaries Online fue droolworthy, que significa ‘extremadamente atractivo o deseable’, aunque literalmente se podría traducir como ‘digno de que se te caiga la baba’. La palabra me hizo gracia, y me remitió inmediatamente a Hudson en las dos comedias mencionadas, porque al verlas queda muy claro que está ahí simplemente como señor rematadamente atractivo por el que pierden la baba todas las señoras.

Teniendo ya un ente de fascinación y un título, estaba claro que tenía que hacer algo con eso. La verdad es que lo primero que salió de todo el asunto fue una imagen que surgió de casualidad al hacer un data bending con una foto de Hudson. La imagen no está retocada, quedó así tal cual al abrir el archivo; con la boca, la oreja y el cigarro. La oreja fue la señal definitiva, tenía que empezar ya mi serie sonora sobre películas.

Lo primero que probé fue a convertir la imagen en sonido, que viene a ser lo que hago siempre debido a mis reducidas aptitudes musicales. Como era de esperar, salió un ruido insoportable que, además de ser la cosa menos droolworthy posible, no tenía nada que ver con el concepto, que era el deseo sexual femenino.

Pensando en sonidos droolworthy, en lo sublime e irreal, decidí que tenía que ser un drone, y de alguna manera me las apañé para generar un drone (quasiarmónico, como me dijo alguien) a partir de un fragmento de Pillow Talk. Para mí ese drone era algo onírico y etéreo, el sonido de una construcción quimérica que no tiene lugar en la realidad, solo en el objeto de deseo imaginado, o generado, a través del universo ficticio del cine, o quizás de la psique femenina (e incluso gay, no olvidemos que en las dos películas hay subtexto en ese sentido).

El drone se termina, como todos los sueños, con un corte repentino a la realidad. Nos despertamos de nuestra utopía del deseo con Doris Day diciendo: «Oh, he tenido un sueño maravilloso». Curiosamente, en la película dice esto al despertarse medio desnuda, en la cama, con su objeto de deseo, tras una noche de ‘borrachera blackout’ que termina en el primer polvo. Todo sugerido, pero no mostrado, que esto es una comedia romántica ‘amable’ de 1961…

El resultado de esta primera pieza de The Sound Screen tiene muy poco que ver con la estética típica del remix sonoro, que en principio era lo que pretendía hacer con las películas, pero es que nunca se me ha dado bien hacer lo que se supone que debería hacer… De todas formas, para la segunda pieza sí estoy intentando hacer algo que se acerca al remix al uso, en este caso a partir de Bronson, que es una película que me fascina, de un director que me fascina y con un actor que me fascina. Just fascination, just fascination, just private fascination