If sound is power, then listening seems like submission

We seem thoroughly persuaded that looking is active while listening is passive. So looking is always liable to become a violating, objectifying and diminishing action, while listening is thought of not only as harmless but as positively nurturing and concernful. Looking is proscriptive, listening is permissive. When you look at something, you put it in its place; when you listen to something, you let it be where it is.

(…)

Typically, of course, being a good listener has been thought of as female, the assumption being that women, deprived of the authority of the voice, have become delicately expert in the more passive and pacific arts of the ear.

(…)

There is certainly oppressiveness in being forced to listen. If sound is power, then listening seems like submission, even, as Fred Kraus (2004) suggests, a kind of masochistic submission to that power.

Sadistic Listening, Steven Connor.

Let the ears not listen at random

“Listening is to convey wisdom, to foster action, and to bring achievement and honor, If it is not sincere, it is not clear, not deep, not effective, so the highlest learning involves listening with the spirit, middling learning involves listening with the mind, lower learning involves listening with the ear.

The learning of those who listen with their ears is in the surface of their skin. The learning of those who listen with their minds is in their flesh and muscles. The learning of those who listen with their spirits is in their bones and marrow.

So when you do not listen deeply to something, you do not know it clearly; when you do not know it clearly, then you cannot plumb its essence, and when you cannot plumb its essence you cannon perfect its practice.

The general principles for listening are to empty the mind so that it is clear and calm: discount moods and don’t be full of them, have no thoughts and no rumination. Let the eyes not look at random, let the ears not listen at random. Concentrate the vitality of the mind so that it builds up and the inner attention is fully consolidated. Once you have attained this, you must stabilize and preserve it, and must extend and perpetuate it.”

Wen-Tzu: Understanding the Mysteries, Further Teachings of Lao-Tzu

What we see is dictated by what we hear

“What we see is dictated by what we hear. You can verify this by a simple experiment. Turn off the sound track on your television set and use an arbitrary recorded sound track from your tape recorder: street sounds . . music . . conversation. . recordings of other TV programs, radio et cetera. You will find that the arbitrary sound track seems to be appropriate . . people running for a bus in Piccadilly with a sound track of machine-gun fire looks like 1917 Petrograd. You can extend the experiment by using material that is more or less appropriate to the image track. For example take a political speech on TV shut off sound track and substitute another speech you have prerecorded . . hardly tell the difference . . isn’t much . . Record the sound track of one Danger Man spy program and substitute for another . . Try it on your friends and see if they can’t tell the difference.”

The Ticket That Exploded, William S. Burroughs.

Para la virtud la única entrada posible son los oídos

«…yo creo que tú no sin gusto escucharías una disertación sobre el sentido del oído, el cual dice Teofrasto que es el más sensible de todos los sentidos. Pues ni la vista ni el gusto ni el tacto producen sobresaltos, perturbaciones y emociones tales como las que se apoderan del alma al sobrevenirle al oído golpes, estrépitos y ruidos. Pues es mucho más racional que sensible. En efecto al mal muchos lugares y partes del cuerpo le permiten, introduciéndose a través de ellos, apoderarse del alma, en cambio para la virtud la única entrada posible son los oídos de los jóvenes…».

Sobre como se debe escuchar (Obras morales y de costumbres), Plutarco.

Cure by music

“One of our favorite scenes is the ‘cure by music,’ in which the sick man (a melancholic) receives sweet melodies through one ear as if the better to appease or chase away the ringing he seems to be suffering from in the other, which he supports with his open palm.”

Listen: A History of Our Ears, Peter Szendy.

Just because you don’t hear a sound doesn’t mean it’s not out there

“Our senses? Our senses are wrong a lot more often than they’re right. This has been proved in the laboratory. Don’t you know about all those theorems that say nothing is what it seems? There’s no past, present or future outside our own mind. The so-called laws of motion are a big hoax. Even sound can trick the mind. Just because you don’t hear a sound doesn’t mean it’s not out there. Dogs can hear it. Other animals. And I’m sure there are sounds even dogs can’t hear. But they exist in the air, in waves. Maybe they never stop. High, high, high-pitched. Coming from somewhere.”

White Noise, Don DeLillo.

Ruidos triviales, ruidos excéntricos

«En cuanto a las circunstancias de tu trabajo, intenta sustraerte a la mediocridad de la vida cotidiana. La tranquilidad a medias, si se da acompañada de ruidos triviales, resulta humillante. Por el contrario, el acompañamiento de un estudio para piano o de una verdadera algarabía puede llegar a ser tan importante para el trabajo como el silencio perceptible de la noche. Éste te agudiza el oído interior, y aquél es en cambio la piedra de toque de una dicción cuya copiosidad va sepultando hasta los ruidos más excéntricos».

Calle de dirección única, Walter Benjamin.

Me complace escuchar una lluvia suave y regular

“Cuando me encuentro en dicho lugar me complace escuchar una lluvia suave y regular. Esto me sucede, en particular, en aquellas construcciones características de las provincias orientales donde han colocado a ras del suelo unas aberturas estrechas y largas para echar los desperdicios, de manera que se puede oír, muy cerca, el apaciguante ruido de las gotas que, al caer del alero o de las hojas de los árboles, salpican el pie de las linternas de piedra y empapan el musgo de las losas antes de que las esponje el suelo. En verdad, tales lugares armonizan con el canto de los insectos, el gorjeo de los pájaros y las noches de luna; es el mejor lugar para gozar la punzante melancolía de las cosas en cada una de las cuatro estaciones y los antiguos poetas de haiku han debido de encontrar en ellos innumerables temas. Por lo tanto no parece descabellado pretender que es en la construcción de los retretes donde la arquitectura japonesa ha alcanzado el colmo del refinamiento”.

El elogio de la sombra, Jun’ichirō Tanizaki

El ruido del globo terrestre al girar es demasiado intenso

“Se puede construir una maquina capaz de emitir un sonido de 30.000 Hz, pero la frecuencia que puede percibir nuestro oído se limita a entre 50 y 20.000 Hz. Hay personas capaces de percibir un sonido de 20 Hz, pero lo que sienten es la vibración del aire, no el sonido en sí. El sonido más bajo que puede ser oído es de 40 Hz, por debajo de ese rango es imposible oír nada.

Hace algún tiempo, el jefe de una secta religiosa se quejaba de que no podía dormir porque el ruido del globo terrestre al girar era demasiado intenso. Nosotros también sentimos a veces que el mundo hace demasiado ruido. Ahora ha empezado una guerra entre Egipto, Siria e Israel, y las guerras siempre hacen ruido y perturban el sueño. No obstante, yo creo que lo que le pasaba a ese líder religioso es que tenía acúfenos, pero como es un hombre de religión, le gusta darse notoriedad y los atribuye al ruido del globo terráqueo al girar. Yo sólo escucho el ruido del mundo a través de los periódicos, la televisión y la radio, y aunque no puedo oirlo directamente, también perturba mi sueño. ¿Es posible que él sea capaz de percibir ese sonido directamente? Los limites fisiológicos sólo nos permiten oír una frecuencia de sonido de entre 40 Hz en el rango inferior y 20.000 Hz en el rango superior.

A lo largo de la vida, la frecuencia que escuchamos puede reducirse o ampliarse. Por ejemplo, el año pasado, yo no escuchaba nada más allá de 12.000 Hz. Recientemente, me di cuenta de que había una diferencia entre lo que oía por el lado derecho y el lado izquierdo, por lo que decidí hacerme una prueba –hay grabaciones especiales para llevar a cabo este tipo de tests. Descubrí que mi oído derecho percibía sonidos de hasta 17.000 Hz, mientras que el izquierdo sólo llegaba a 13.000 Hz. Antes el límite de ambos era de 12.000 Hz. Me pregunté como había ocurrido ese desequilibrio, y me acordé de que en diciembre me había golpeado un ojo con la esquina de un armario. Por culpa del golpe, aún veo mejor por un ojo que por otro, aunque afortunadamente he ido mejorando.

Un hombre me explicaba hace poco que él también se había golpeado un ojo, perdiendo la visión de este, pero no fue consciente de ello hasta más tarde. Como veía por el otro ojo, no se dio cuenta del problema hasta que se hizo un chequeo y le dijeron que había perdido completamente la vista de uno de sus ojos.

Cuando se enteró, vino a verme enseguida:

–No le hice yuki al ojo cuando me golpeé. En su caso, ¿ha perdido la vista?

–No –contesté–. Mi vista ha ido mejorando. Lo realmente extraño es que a raíz del golpe también he notado cambios en el oído. Es como si el golpe hubiese tenido el mismo efecto que un baño frío, ha estimulado zonas perezosas y el oído ha cambiado.

El hombre se acercó el reloj a ambos oídos y exclamó:

–¡Es cierto! ¡También he perdido un oído! ¡No me había dado cuenta! No sé si habrá sido por culpa del golpe, pero no oigo por un lado.

–Creo que es porque los ojos y los oídos están conectados.

–Debe ser eso –repuso meneando la cabeza–. Ahora que lo menciona… Recuerdo que una vez nos dijo que cuando los ojos están cansados se debe pellizcar o estirar la parte externa de las orejas.”

Haruchika Noguchi

El volumen del sonido y las variaciones de la sensibilidad

“Un hombre que no había oído la explosión de una bomba cuando cayó al lado de su casa, por estar enfrascado en alguna observación con el microscopio, se quejaba, sin embargo, de que le hubiera molestado toda la noche el zumbido de un mosquito que rondaba su mosquitera. No se trata, por tanto, del volumen del sonido, sino de las variaciones de la sensibilidad y la mayor o menor concentración de la atención sobre las vibraciones transmitidas por el aire. (…) Los estímulos externos inducen reacciones en el cuerpo que varían en correlación con el estado de la sensibilidad interna. Un mayor o menor impacto externo no coincide forzosamente con una reacción de igual intensidad”.

Haruchika Noguchi

How you live changes your brain (the perfect pitch)

“I was fascinated by a story in a newspaper a few years ago about the search for perfect pitch. A group of scientists decided that they were going to find out why certain people have perfect pitch. You know certain people hear a note precisely and are able to replicate it at exactly the right pitch. Some people have relevant pitch; perfect pitch is rare even among musicians. The scientists discovered – I don’t know how – that among people with perfect pitch the brain was different. Certain lobes of the brain had undergone some change or deformation that was always present with those who had perfect pitch. This was interesting enough in itself. But then they discovered something even more fascinating. If you took a bunch of kids and taught them to play the violin at the age of 4 or 5 after a couple of years some of them developed perfect pitch, and in all of those cases their brain structure had changed. Well what could that mean for the rest of us? We tend to believe that the mind affects the body and the body affects the mind, although we do not generally believe that everything we do affects the brain. I am convinced that if someone was to yell at me from across the street my brain could be affected and my life might changed. That is why your mother always said, ‘Don’t hang out with those bad kids.’ Mama was right. Thought changes our life and our behaviour.”

Ten Things I Have Learned by Milton Glaser